Crónica Sonar 2018: El desenfrenado Viernes Día

TEXTO: PI

No soy una persona de costumbres, pero el viernes también llegué tarde al festival. La noche anterior me había intentado portar bien, abandonando el recinto con Laurent Garnier aun petándolo sobre las 23:30, para irme a dormir a casa de mi amigo Xavi Trilla, que me hosteaba esos días en Barcelona. Pero Xaví apareció dos horas más tarde en su propia casa (menuda sorpresa) con un grupo de gente divertida y desordenada. Ellos también venían del festival, y a todas luces buscaban continuarlo creando su particular Sonar Noche de Jueves. Es inutil remar contra el caos, pensé desde mi cuarto. No me quedaron mas cojones que levantarme de la cama y unirme al guateque en el salón. Bienvenidos al escenario Sonar Trillage. Dormí una miseria; otro sorpresón.

 

KAMPIRE

17:30  –  Sonar Village

Al entrar en el Village estaba sonando Kampire, dj y escritora de Uganda abanderada por Diplo en esta edición. Un set muy original y fresco, multicultural, predominando el África Negra como telón de fondo. Mezcló con buena sintonía temas como el afro pop “Pununu” de ScoobyNero y el dancehall groovy “Yaya” de Omar Duro & Dj Knox, con ciertos ritmos caribeños y algún pequeño desvío hacia la electrónica o el pop. Pero en general todo muy étnico. Percusión artesana y acelerada como constante protagonista. Divirtió a un público que bailaba, eso si, un poco torpe y descoordinado. No es fácil bailar al son de Africa. También me fijé en que algunos bailaban pegados, como en las fiestas del Carmen en mi pueblo cuando suena “Abusadora” de Wilfredo Vargas. Esa dinámica no la entendí pero me resultó encantadora. En ocasiones, personas anónimas te sorprenden en el buen sentido. Puede que aun haya esperanza.

 

ROSALÍA

18:30  –  Sonar Hall

Le dí la espalda a Kampire un poco antes del final para ir cagando leches a ver a Rosalia, esa diosa.  A mi en realidad, musicalmente, me parece un poco Chambao, como flamenco chill, que no digo que esté mal pero no es lo mio. A ver, tambien sabia que Las Vegas me iba a horrorizar, pero fuí igualmente hace unos años, por el mito, por mis huevos. Perdí mucho dinero aquellos días, diosito que desastre. En fin, faltaban 20 o 30 minutos para el comienzo de Rosalia y me pareció mas que suficiente. Pero cuando entré al siniestro pabellón que da acceso al Sonar Hall me quedé tieso: una cola de 100 metros llena de caras sufridoras, hastiadas. De repente estábamos en plena Semana Santa y aquello era la Procesión de Chiclana, nada menos. El colectivo de fieles no se movía un sólo centímetro. Algunos, desesperados, increpaban a los seguratas desde la distancia, como presos suplicando agua al carcelero desde su celda. Ojalá alguien me hubiese aupado como a uno de esos bebés que van en volandas arrastrados por los brazos de la masa para alcanzar a la virgen; esa imagen que sale en el telediario cada año y divide opiniones. Pero nadie me levantó del suelo y yo no tenía la menor intención de hacer semejante cola, había dormido muy poco. Me largué de allí derrotado.

Quedó demostrado que Rosalía era para muchos la gran imprescindible del Sonar día ese viernes, y que había generado enormes expectativas. Horas mas tarde mucha gente me comentaría que el concierto había sido espectacular, todos coincidían, que hacer la cola había valido la pena y tal. Que había llegado al escenario montada en un Quad, que se había cambiado de ropa 20 veces. Que había echado a volar vaya. Ya ves, la gente comentando; gilipoyas…

 

CLIP & CORA NOVOA LIVE

18:05  –  Sonar Dôme

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Recapitular de una forma tan cobarde en la antesala de Rosalía me dió al menos la posibilidad de ir a ver casi todo el live de la gallega Cora Novoa y el catalán Clip. Esos dos me suelen gustar. Ademas me quería juntar allí con Pepe y Sandrita, y con Maria y Manolo, todos ellos buenos amigos tambien gallegos. Bueno, María nació en Zamora, pero jura que se arrepiente y la hemos adoptado. La idea era formar una peña céltica. Para hacer el mal nos gusta este escenario especialmente, el Sonardôme; su opacidad nos arropa. Lo que vivimos alli fue fue una odisea resonante con algunas explosiones estridentes en las que el publicó chillo y silbó, para bien. En un momento en que la cosa se puso un poco acid, creí estar escuchando el tema “Mörke” de Pete Oak. En resumen: aunque sin mucha novedad, el concierto estuvo bastante guapo, todos estabamos de acuerdo. Nos faltaron unas gaitas.

 

SOPHIE

19:00  –  Sonar Dôme

Ya me quedé en el mismo escenario hasta que empezase Sophie, una de las grandes esperanzas, pero un conocido vino a contarme un problema con su ex y decidimos salir a tomar el aire y hablar tranquilos. Yo en realidad necesitaba descansar. Entramos en la Zona Pro e interrumpí el dramón para contarle a mi compi el truco de las cervezas sin gluten. Pedimos unas cuantas, y luego hicimos varias visitas a los baños de plástico para mear y lo demás. Al final su ex no había hecho nada tan grave, y la verdad es que él tampoco es un testigo de Jehová, allí mismo quedó probado. Nos perdimos casi todo el show hablando de chorradas. En fin, como diría mi vieja, ni Sophie ni Sophio. Unos buenos viajes, eso sí.

 

DJ ROSA PISTOLA

20:45  –  Sonar XS

Al salir ya eran las 20:30 y me encontré con los buenos de V y su chica, dos amigos. Ella estaba empeñada en ir a ver a DJ Rosa Pistola, y la seguimos. No conocía a esa Dj y tampoco pregunté por el estilo de música, pero el nombre tenía gancho, y era mi oportunidad para estrenarme en el Sonar XS, una pista intima, como un salón de té. Llegué allí a ciegas, y terminaría siendo toda una revelación; una epifanía diría yo. “… dichosos vuestros ojos, porque ven.” – Mateo 13:16

Entramos prácticamente los primeros y Laura Puentes (nombre real), colombiana afincada en México, empezaba su set. Cuando la tuve delante me quedé a cuadros. Muy alta y delgada, con un outfit guerrero y sexy, entre el cyber-punk y el reggaeton futurista, plagada de tatuajes de toda índole, todos acordes con su rollo street (hojas de marihuana, o el imperativo “COME MIERDA”). La sala se llenó enseguida de perreo intenso con algunas bocinas de alarma nuclear dando el pistoletazo de salida. Empezaba fuerte y no había casi nadie. Miré hacia atrás, preocupado, pensando que tal vez había sido una mala elección. Entonces vi aparecer por la entrada una larga coleta rubia que vino botando hasta el front row, donde nos encontrábamos nosotros. Cuando la tuve a 3 metros no me lo podía creer. Pertenecía a la mismísima BadGyal, otra sensacion del underground. Llegaba en calidad de asistente, y de las primeras, para ponerse a mover el culo como una bestia acompañada de dos amigas que hicieron lo propio. Lujuria espontanea. Llegó más gente, sobre todo chicas, y en pocos minutos la sala estaba llena. Me dio la sensación de que todos entraban con prisa. Yo nunca había prestado demasiada atención al reggaeton y cuando lo hacía no me motivaba, pero esta “Santa” estaba seleccionando y mezclando los temas con una magia y una fuerza que me dejaron clavado. Y me motivó. En un momento escuché algo de Daddy Yankee diría. Acabé bailando como un enajenado el reggaeton ortodoxo que nos lanzaba Dj Rosa Pistola desde la cabina, sin apenas permitirse deslices hacia otros géneros. Me volví a quedar planchado cuando al cabo de unos minutos miré de nuevo a mi alrededor: ya había varias docenas de culos meneándose con absoluta violencia. Para mi el momento mas caliente, y ojo me refiero a nivel musical, de todo ese Sonar día.

 

BLACK COFFEE

21:00  –  Sonar Village

Mientras salíamos del Sonar XS, alguien propuso acercarnos a DESPACIO. Pese a cuánto me había gustado el día anterior, me negué rotundamente a meterme otra vez en ese cuarto oscuro, probablemente me quedaría dormido. Así que decidimos despedirnos de este Sonar día escuchando a Black Coffee (me habría venido bien uno de medio litro) al fresco, atardeciendo; precioso. A pocos metros de nosotros estaba Rosalía con unos amigos. La novia de mi amigo V, que la conoce personalmente, fue a saludarla y charlaron. Mi mirada y la de Rosalía se cruzaron varias veces. La diva tiene arte hasta para los vistazos furtivos. Es lo que me llevé. Y todo sin hacer cola. Al rato, mi amiga anunció que se marchaba a casa; V y yo la acompañamos fuera para después coger un taxi directo a la otra dimensión: el Sonar noche.