Giant Swan (Bristol): de la richesse du mélange.



Se agarraba fuerte a la baranda de metal, apretando mucho las manos, el mar estaba bravo. Sus ojos seguían buscando una silueta, tras la ola, un pedazo de tierra, algo que desentonara con el palpitar enfadado del agua. Estaba cansado, ¿cuántos días iban? 13,14? Al principio se mareaba, se sentía morir, todo vomitado, arrastrándose por el camarote o por cubierta. Sintió vergüenza de sí mismo esos días, tremendo malestar. Pero aquello pasó, uno de los marinos le regaló un consejo, “masca algo”, y ahora él se movía al compás de ese inmenso ser metálico que los mecía. La tripulación eran hombres resistentes, de espíritu sólido, sus maneras le transmitían tranquilidad. Algunos parecían cansados. 
 

“¡28 libras!” le contaba una de las vecinas a su madre, excitada, “¡28 libras por viajar a Inglaterra!”. Inglaterra sonaba lejano, frío, triste, a sus ojos. Su padre le había contado cosas como “los días a veces no parecen días” o “en invierno al respirar puedes ver al aire que sueltas, condensado por el frío”. Qué extraño pensarlo. Aquí hace calor, bajamos siempre a la playa y jugamos en la arena, buceamos. Mi hermano aguanta más bajo el agua, pero yo nado mejor que él, aunque si se lo digo se enfada, y las veces que no consigo escapar, me pega. Es 5 años mayor y es mucho más grande y más alto que yo. Pero seré así de grande y alto pronto, ya verás entonces. …. En el colegio les habían enseñado un montón de cosas acerca de la “patria madre”, las virtudes del magnífico imperio, “Rule BritanniaBritannia rule the waves” les hacían cantar, hablaban de la Reina. …. A pesar de eso el colegio les gustaba, era divertido ver a todos las chicas y los chicos, a veces cantaban, a veces ponían música. Las canciones eran inglesas, la bandera, la lengua, las costumbres, les enseñaban todo sobre aquel lejano territorio del que eran extensión.  

Una delgada línea brillante, en el horizonte y a la altura de sus ojos, se veía al final. En el barco había mucho bullicio, la gente se movía excitada y habían exclamaciones, gritos, rezos, risas. “Londres” pensó… Su madre le abotonaba la pesada pieza de ropa que tan incómoda le parecía, el abrigo. El primero se lo a vio a su padre cuando volvió del frío. Nosotros también teníamos, mi hermano, mi madre y yo, “en el trayecto no hará tanto frío” le dijeron, “allá es verano”. Pero hizo un frío horrible. A madre se la veía emocionada y muy feliz, mencionaba cosas sin parar sobre la vida que plantearía nuestro nuevo hogar, que nos preparásemos para el colegio, que padre tendría trabajo asegurado en el puerto, que compraríamos unos guantes. Padre parecía más sereno, erguido, contrastaba su cara seria sobre la excitada marabunta humana que se movía tras él, y de la que, con su cuerpo, nos separaba. Mi hermano sonreía muy fuerte. Me extrañó la expresión de padre, había estado en la guerra en Europa  y había sobrevivido cuando mucha gente había muerto, conseguimos tickets para el barco, era muy difícil, mucha gente quería subir, y veníamos los cuatro, no hay muchas mujeres en el barco, ¿por qué no sonreía? “Vamos adentro, preparémonos” dijo.  

 https://www.youtube.com/watch?v=_-2z3yzbZ84&feature=youtu.be&fbclid=IwAR15jV6LbbnXH_ZJ9_-z3UraUn6nI3Ms5bgVSKPED0BP73COjlzn9z3AG-U

Olía fantástica la comida, “desde que llegamos tengo más hambre y como más”, el frío debe dar hambre. La tía cocina de miedo, se la veía grande y ágil, una criatura magnífica. Nos acogieron en su casa durante algunos meses hasta que encontramos un lugar en el que vivir, un pisito pequeño y oscuro en la segunda y última planta de un edificio gris en una inclinada calle, lo visitamos hace una semana y el tío trajo la buena nueva aquella mañana: nos lo “concedían” y mi madre se puso loca del contento. 

Al principio pensábamos que sería diferente, no entendíamos, mi hermano parecía irritado desde hacía semanas, padre triste. Nos negaban con la cabeza cada vez que íbamos a ver un piso en alquiler, no se entendía nada. La gente no era simpática como lo era en Kingston, ¡los habían invitado a venir!  Mi padre y mi hermano se quejaban mucho, maldecían a esa gente insolente y estúpida que los habían insultado y atacado tantas veces, “un día voy a romperle la cabeza a uno de esos” y mamá le regañaba, le exigía calma, “por el bien de todos”, pero a ella también le brillaban los ojos cuando esto aparecía en la conversación. El ambiente estaba enrarecido a veces, denso, el silencio pesaba más. Ellos trabajaban en el puerto, donde su primo tenía un buen amigo, por eso fueron a Bristol. Y con los compañeros el trato era normal, trabajaban juntos, se ayudaban, pero había mucha gente de la ciudad que se comportaba distinto, no se relacionaban con ellos. Una tarde, caminando junto a su hermano por una de las calles a la falda de la colina de St Pauls, pasaron frente a un bar y dentro había voces, jolgorio, mi hermano se detuvo en seco a la puerta y alcancé a ver su cara pálida, frente a un cartel en el que se leía en grandes letras negro sobre blanco: “No blacks, No dogs, No Irish”. 

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, los países europeos se encontraron ante la necesidad de realizar un sobreesfuerzo para reconstruirse, volver a juntar los pedazos de sí mismos rotos por su propia violencia. Inglaterra, extensamente atacada y bombardeada. Alemania, Francia, Holanda, Polonia, vastos territorios del viejo continente habían visto explotar sus ciudades y sus países ser arrasados por la Guerra. En 1948, el crucero Empire Windrush toca tierra en el puerto de Tilbury, llevando a las islas británicas 492 pasajeros provenientes del Caribe, predominantemente de Jamaica, Trinidad y Tobago, y Bermudas, alentados por la posibilidad de encontrar un empleo por un anuncio lanzado dese el Gobierno inglés y publicado en periódicos de las poblaciones coloniales. Europa necesitaba ayuda para recomponerse. La fuerza llegada del otro lado del atlántico fue imprescindible para revivir un continente partido, y significó un punto de inflexión: en la cultura, la música, el arte, los pilares mismos de la sociedad fueron entonces movidos para siempre con la riqueza de la confluencia. La inmigración fue aliento, poder, futuro. Al llegar al Viejo Continente, los inmigrantes encontraron, ante su sorpresa, violencia y racismo y rechazo de sectores de la sociedad. Educados desde la cuna bajo sus preceptos, se sentían parte de la patria madre, ciudadanos británicos.  

Su llegada trajo riqueza, prosperidad, cultura y vida. En la actualidad podemos apreciar la influencia de la mezcla en todas las expresiones, herederos de aquel intercambio. La música actuó como nexo de unión, puerta de los unos para los otros, como servía para unir y hacer poderoso al pueblo en las Islas del Caribe, conectando a la sociedad consigo misma; la profundamente arraigada cultura del sound system y el reggae mezcladas con el punk británico, rhythm and blues de Norteamérica, la llegada de la música funk y disco, la aparición del hip-hop. Todo confluía, reproduciéndose y germinando, en el drum`n`bass, el trip-hop, y demás ritmos que forman el tan amplio y variado espectro musical de la décima ciudad más grande del país. La fértil escena bristoliana ha dado vida a grupos como Spectres, los mundialmente conocidos Massive Attack, Portishead, es la ciudad de Banksy y del grafiti en general. Batu, Peverlist, Tessela, el panorama de la electrónica en Bristol es de los más ricos, si no el más, del país.  

Giant Swan son hijos de esta combinación, fruto de la mezcla de culturas y la convergencia de estilos en ciudad que los vio nacer, juntarse a los 11 años y crecer con The Naturals, explorando ya por 2004 sonidos, texturas de ambiente ecléctico y tendencias anárquicas. Con actuaciones live saturadas por una energía apabullante y unas maneras muy cercanas al punk, la pareja formada por Robin Stewart y Harry Wright se mueven poseídos sobre sus mesas de máquinas, sintetizadores, cajas de ritmos, creando un concepto techno-not-techno industrial, abstracto, roto y violento que no deja indiferente. Sus trabajos y producciones han ido de la mano de sellos como Howling Owl collective, Timedance label (con Batu a la cabeza y junto a los que llevaron su show al club Berghain) y Whities label. En Giant Swan se puede apreciar el poder de todos los encuentros que generaron y generan The Bristol Sound, el Sonido de Bristol, la fuerza de la mezcla, el poder de la unión y la hermandad, de la experimentación y la aceptación. 

Alberto Castreño Bandrés 

ENGLISH VERSION

Held tightly to the metal railing, squeezing his hands strongly, the sea was fierce. His eyes looking for a silhouette, behind the wave, a piece of land, something that would be out of tune with the angry throbbing of the water. He was tired, how many days had already been there? 13, 14? At first he was dizzy, felt himself die, all vomited, crawling around the cabin or on the deck. Feltashamed of himself those days, horrible discomfort. But then one of the sailors gave him a tip, «chew something», and now he moved to the beat of that immense metallic being that rocked them slowly. The crew were resistant men, solid spirits, theirmanners transmitted tranquility to him. Some seemed tired.  
«28 pounds,» said one of the neighbors to her mother, excited, «28 pounds for a trip to England! England sounded distant, cold, sad, to his eyes. His father had told to them things like «days sometimes don’tseem like days» or «in winter when you breathe you can see the air you release, condensed by the cold». How strange to think. Here it’s hot, we always go down to the beach and play in the sand and dive. My brother endures more underwater, but I swim betterthan him, although if I tell him he gets angry, and the times I can’t escape, he hits me. He’s 5 years older and he’s much bigger and taller than me. But I’ll be that big and tall soon, you’ll see then. …. At school they had been taught a lot of things aboutthe «motherland», the virtues of the magnificent empire, «Rule Britannia, Britannia rule the waves» made them sing, they talked about the Queen. …. In spite of that they liked the school, it was fun to see all the girls and boys, sometimes they sang, sometimesthey played music. The songs were English, the flag, the language, the manners, taught them everything about that distant territory of which they were an extension.

A thin shining line, on the horizon at eye level, was seen at the end. There was a lot of noise on the ship, people were moving excitedly and there were exclamations, shouts, prayers, laughter. «London,» he thought… His mother buttoned the heavy piece of clothing that seemed so uncomfortable to him, the coat. The first one was seen by his father when he came back from the cold. We also had, my brother, my mother and I, «on the way it won’t be so cold» they told him, «it’s summer there». But it was awful cold. Mother looked excited and very happy, she mentioned things non-stop about the life that our new home would propose, that we would prepare for school, that father would have a job secured in the port, that we would buy gloves. Father seemed more serene, standing still, contrasting his serious face to the excited human marabout that moved behind him, and from which, with his body, separated us. My brother was smiling strongly. I was surprised by father’s expression, he had been in the war in Europe and had survived when many people had died, we got tickets for the boat, it was very difficult, many people wanted to get on, and the four of us came, there aren’t many women on the boat, why wasn’t he smiling? «Come on inside, let’s get ready» he said. 
Food smelled fantastic, «since we arrived I am much hungrier», cold must provoke this. Aunt cooks great, she looks big and agile, a magnificent creature. They welcomed us into their house for a few months until we found a place to live; a small, dark flat on the second and last floor of a grey building on a sloping street, we visited it a week ago and uncle brought the good news that morning: they «granted» it to us and my mother went mad with contentment. … At first we thought it would be different, we didn’t understand, my brother seemed irritated for weeks, father was sad. They shook our heads every time we went to see a flat to rent, nothing was understood. People were not as nice as they were in Kingston, they had been invited to come! My father and my brother complained a lot, they cursed those insolent and stupid people who had insulted and attacked them so many times, «one day I’m going to break heads» and mother scolded him, demanding calm, «for the good of all», but she also had her eyes shining when this appeared in the conversation. The atmosphere was rarefied at times, dense, the silence weighed heavily. They worked at the port, where their cousin had a good friend, that’s why they move to Bristol. And with the coworkers the relation was good, they worked together, helping each other, but there were many people of the city who behaved differently, they did not relate to them. One afternoon, walking with his brother through one of the streets at the foot of St Pauls hill, they passed in front of a bar and inside there were voices, revelry, my brother stopped dry at the door and I could see his pale face, in front of a sign that read in large letters: «No blacks, No dogs, No Irish».
At the end of the Second World War, the European countries found themselves faced with the need to make an over-effort to rebuild themselves, to put together again the pieces of themselves broken by their own violence. England, extensively attacked and bombed. Germany, France, Holland, Poland, vast territories of the old continent had seen their cities explode and their countries devastated by the war. In 1948, the cruise ship Empire Windrush made landfall in the port of Tilbury, carrying to the British Isles 492 passengers from the Caribbean, predominantly from Jamaica, Trinidad and Tobago, and Bermuda, encouraged by the possibility of finding a job, because of an advertisement launched by the English Government and published in newspapers of the colonial populations. Europe was in need for help to recover. The arrival of force from the other side of the Atlantic was essential to revive a broken continent, and signified a turning point: in culture, music, art, the very pillars of society were then moved forever with the richness of the confluence. Immigration was breath, power, future. When they arrived in the Old Continent, the immigrants found, for their surprise, violence and racism and rejection by sectors of society. Educated from the cradle under its precepts, they felt part of the motherland, British citizens. Their arrival brought wealth, prosperity, culture and life. Today we can appreciate the influence of mixture in all expressions, heirs of that exchange. Music acted as a nexus of union, gateway to each other, how it served to unite and make powerful the people in the Caribbean Islands, connecting society to itself; the deeply rooted culture of sound system and reggae, mixed with British punk, North American rhythm and blues, the advent of funk and disco music, the emergence of hip-hop. Everything converging, reproducing and germinating, in the drum`n`bass, the trip-hop, and other rhythms that form the so-wide and varied musical spectrum of the tenth largest city in the country. The fertile Bristolian scene has given life to names such as Spectres, the world-famous Massive Attack, Portishead, is the city of Banksy and graffiti in general. Batu, Peverlist, Tessela, the electronics scene in Bristol is one of the richest, if not the richest, of England.Giant Swan are children of this combination, fruit of the mixture of cultures and the coming-together of styles in the city where they were born, joined at the age of 11 and grew up with The Naturals, already exploring sounds, eclectic ambient textures and anarchic tendencies by 2004. With live performances saturated by overwhelming energy and very close to punk ways, the couple formed by Robin Stewart and Harry Wright move possessed on their machine tables, synthesizers, drum machines, creating a techno-not-techno industrial, abstract, broken and violent concept that does not leave indifferent. His works and productions have gone hand in hand with labels such as Howling Owl collective, Timedance label (with Batu at the head and with those who took his show to the Berghain club) and Whities label. In Giant Swan you can appreciate the power of all the encounters that generated and generate The Bristol Sound, the power of mixing, of experimentation and acceptance.