Metallica ha vuelto, guste o no

Han pasado ocho largos años desde la publicación de “Death Magnetic”, aquel álbum que logró hacer olvidar el denostado “St. Anger” pero que no consiguió resolver el conflicto de opiniones que yace durmiente y que despierta cada vez que la banda californiana lanza al mercado un nuevo trabajo. No siempre fue así; hubo un tiempo que cada disco de Metallica despertaba el entusiasmo de la comunidad metalera; un tiempo en que sus canciones se convertían en himnos; un tiempo en el que, en definitiva, todos pensábamos que habían tocado techo y descubríamos una y otra vez lo equivocados que estábamos.

“Hardwired… to self-destruct” es el décimo álbum de la banda de San Francisco. Su lanzamiento progresivo (puesto que han ido estrenando un video-clip por cada canción del disco antes de su salida al mercado) no ha supuesto ninguna revolución, como si esta entrega por fascículos hubiese conseguido apaciguar las críticas de sus detractores y atemperar el entusiasmo de sus más fieles seguidores.

Estas dos facciones (fans y haters) del grupo liderado por James Hetfield siguen sin llegar a un punto de encuentro. Este último trabajo sigue sin convencer a los amantes del trash-metal, quienes ven nuevamente frustrados sus deseos de un retorno al estilo sucio y veloz que abanderaron en “Kill ´em all”, pero tampoco ha producido el efecto revitalizador de antaño en aquellos incondicionales de Metallica.

Y es que Metallica hace ya veinticinco años desde que publicó el “Black álbum”, el que fue considerado como el último gran álbum de estudio de la banda. Desde entonces, cada nuevo trabajo ha parecido despertar más críticas negativas que aplausos. Nadie podrá olvidar sus impecables cinco primeros álbumes. En mayor medida aun si cabe, nadie perdonará los frustrados intentos de la banda por encontrar un sonido nuevo, acercándose en primer lugar al hard-rock en “Load” y “Reload” (pese a que éstos dos discos contenían canciones que se convirtieron en clásicos imprescindibles como “Unforgiven II”, “Fuel”, “King Nothing”, “The memory remains”…), fracasando estrepitosamente con “St. Anger” (el “disco maldito” del cual nada se sabe en los directos) hasta llegar al incomprendido y vilipendiado “Lulu” en colaboración con Lou Reed. Injusto sería obviar el paréntesis que supuso en esta etapa de declive el directo en colaboración con la Orquesta Sinfónica de San Francisco, liderada por el ya fallecido Michael Kamen, posiblemente el único experimento del grupo que ha logrado despertar una ovación unánime.

Centrémonos ahora en su nuevo disco. Cuesta creer que Metallica haya conseguido reunir en un solo plástico todas las versiones de sí mismos que han aparecido a lo largo de sus 33 años de carrera musical. En “Hardwired…to self destruct” encontramos retazos de “Kill ´em all”, del “Black álbum”, de “…And justice for all” e incluso de los no tan consagrados “Load” y “Reload”. Parece imposible afirmar que este trabajo se parezca a uno u otro disco anterior; lo más acertado parece considerar que nos encontramos ante una miscelánea de subgéneros dentro del estilo Metallica.

“Hardwired…to self destruct” es la canción que nombra y abre el álbum y la más corta que encontraremos. Posiblemente sea el más claro referente del Metallica que fue y que ya no volverá. Con tres minutos de velocidad desbordante basta para evocar los inicios de la que fue una desconocida banda que en los 80 levantó la cabeza entre la multitud para convertirse en el adalid del trash-metal por muchos años. En la misma línea se encuentra “Spit out the bone”, con un aire que se asemeja mucho a “Ride the lightning” y a “…And justice for all”. Para esta canción, Ulrich recupera el doble pedal para añadir aún si cabe más frenesí al ya de por sí frenético avance de la canción.

Pero también han encontrado tiempo para reciclar ese ansia de hard-rock cercano al stoner que imprimieron en “Load” y “Reload” y que han trasladado al segundo disco de “Hardwired…to self-destruct”. Buena muestra de ello la encontramos en canciones como “Am I savage?”. No termina aquí la amalgama de géneros que contiene este trabajo. Dentro del mismo encontramos “Confusion”, un tema que reabre la senda contemporánea que inició “Death magnetic” y que pareció definir el que sería el estilo de Metallica en este siglo XXI.

La edición especial del álbum incluye cuatro canciones extra entre las que se encuentran “Lords of summer” (estrenada en 2014), Ronnie medley rising (un homenaje póstumo a Dio) y dos versiones de Deep Purple y Iron Maiden, además de un buen número de temas en directo.

En definitiva, Metallica ha vuelto, guste o no. Ellos han demostrado lo poco que les importan las críticas. Si su música sobrevivió a la demanda que Ulrich presentó contra Napster en un momento en el que la banda desataba la ira de sus seguidores con la publicación de “St. Anger”, probablemente su legado sea inmortal. De momento, “Hardwired…to self-destruct” es la última muesca en el revólver de la banda de San Francisco, un revólver que, pese a rondar ya los cincuenta años, parece seguir bien engrasado.

TEXTO: Rodrigo Arguelles

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